Suspiros de Elche de la Sierra

     Cuando iba al pueblo, mi abuela siempre tenía en la alacena. Ese incesante peregrinar a dicho santuario, que estaba fresco, que olía a pan....Era uno de mis dulces favoritos. aunque cada vez que pienso en uno, era mi favorito, jajaja. Esta receta me la dio mi madre hace muchos años, en las medidas que ellos hacían cuando iban al horno, por docenas enteras de huevos. Yo la he reducido, y con ella, me gustaría participar en el HEMC  número 66 de éste mes, dedicado a los huevos, organizado por Cristina, del blog Le bon vivant.

HEMC #66 - Huevos

     He buscado esta receta, pero no le he encontrado igual. Hay merengues y hay suspiros, pero ninguno como éste, con su toque de almendra ( o al menos, yo no lo he encontrado). Así que, con ustedes uno (jajaja) de mis dulces favoritos del pueblo de mis padres.

Ingredientes

  • 3 claras
  • 180 gr de azúcar
  • Ralladura de 1 limón
  • 180 gr de almendra

     Lo primero que tenemos que hacer es preparar la almendra. La escaldamos un par de minutos en agua hirviendo y le quitamos la piel. A continuación las tostamos en el horno, a 150 ºC, sobre unos 20 minutos, hasta que estén doradas, dándoles la vuelta de vez en cuando y vigilando que no se quemen. Las dejamos enfriar y con un cuchillo, las astillamos.
     Ponemos las claras en la batidora de globo y las batimos un poco. Cuando estén espumosas, subimos la velocidad y vamos añadiendo el azúcar. Tenemos que montarlas a punto de nieve fuerte. Cuando estén montadas, añadimos las almendras astilladas y la ralladura de limón. Mezclamos bien con la espátula.
     Sobre la bandeja del horno ponemos una hoja de papel de hornear, y sobre ella vamos echando cucharadas de masa, y dejamos espacio entre ellas, pues en el horno suben bastante. Al dejar las cucharadas, se quedan bien firmes, con picos. Metemos la bandeja en el horno a 150ºC, durante 20-25 minutos, dependiendo del horno. Cuando los montones se despeguen bien del papel, ya están hechos. Los sacamos y los dejamos enfriar sobre una rejilla.
     Los suspiros son blancos como la nieve. Los míos han salido un poco tostados, a pesar de tener el horno bien suave y quitar el calor de arriba. Y además, me he quedado corta en el batido de las claras, pues el azúcar no se ha disuelto del todo, y además, los picos se han redondeado un poco. Para la próxima vez, lo remediaremos. Pero éste me lo voy a comer a la salud de mi madre y de mi abuela, servido sobre el plato de la vajilla de La Cartuja con el dibujo negro, que era su vajilla de los días de fiesta grande, tan grande que nunca la usaban. Buen provecho.

2 comentarios:

  1. Pilar, una receta de tu madre. Qué regalo tan bonito!
    Muchos bss desde Stuttgart
    Cris LeBonVivant

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  2. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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