Torticas de limón de Elche de la Sierra

     Prometo no volver a decir que es uno de mis dulces favoritos del pueblo de mis padres (aunque sea verdad). Y además, de aprovechamiento, porque después de hacer los suspiros y gastar las claras, ¿qué vamos a hacer con las yemas ?. Pues torticas de limón. Y vuelvo a colaborar con el  HEMC nº 66 decidado a los huevos, y organizado por Cristina, de Le Bon Vivant.

                                                       

     Hoy, por fin, he tenido tiempo para dedicarle al blog, y estoy publicando recetas, aunque muchas las tengo programadas. Porque además tengo tiempo para cocinar y sacarle la lengua a la dieta, que hoy es domingo, y además, Domingo de Ramos, "quien no estrena, no tiene manos". Pues yo he estrenado las recetas de mi madre, ésta nunca la había hecho, y además, he intentado traducir
 a gramos aquello de "harina, la que admita".

Ingredientes

  • 3 yemas
  • 125 gr de azúcar
  • 125 ml de aceite de oliva (o 125 gr de manteca de cerdo)
  • 1 sobre de gasificante
  • Ralladura de 1 limón
  • 160 gr de harina

     Precalentamos el horno a 150ºC, calor arriba y abajo.
     Mezclamos bien las yemas, el azúcar y el aceite. añadimos la ralladura de limón, los dos papelitos del sobre de gasificante y la harina que admita (que han sido 160 gr de harina de repostería). La masa se ha despegar de las paredes, pero no ha de quedar muy dura.
     Yo las he hecho con aceite de oliva virgen extra, que era el único que tenían entonces. Pero mi madre dice que pueden hacerse también con manteca de cerdo. Otra vez lo probaré.
     Forramos una bandeja de horno con papel.
     Tomamos porciones de unos 25 gr, formamos bolas y las aplastamos con la mano, las espolvoreamos con azúcar, y metemos la bandeja en el horno durante 15-20 minutos. Dejamos espacio entre ellas, pues crecen un poco en el horno. No han de dorarse demasiado. Las sacamos y las dejamos enfriar sobre una bandeja. Estará, blandas, pero se endurecerán al enfriarse. Y a disfrutar. Que mañana es lunes.

Suspiros de Elche de la Sierra

     Cuando iba al pueblo, mi abuela siempre tenía en la alacena. Ese incesante peregrinar a dicho santuario, que estaba fresco, que olía a pan....Era uno de mis dulces favoritos. aunque cada vez que pienso en uno, era mi favorito, jajaja. Esta receta me la dio mi madre hace muchos años, en las medidas que ellos hacían cuando iban al horno, por docenas enteras de huevos. Yo la he reducido, y con ella, me gustaría participar en el HEMC  número 66 de éste mes, dedicado a los huevos, organizado por Cristina, del blog Le bon vivant.

HEMC #66 - Huevos

     He buscado esta receta, pero no le he encontrado igual. Hay merengues y hay suspiros, pero ninguno como éste, con su toque de almendra ( o al menos, yo no lo he encontrado). Así que, con ustedes uno (jajaja) de mis dulces favoritos del pueblo de mis padres.

Ingredientes

  • 3 claras
  • 180 gr de azúcar
  • Ralladura de 1 limón
  • 180 gr de almendra

     Lo primero que tenemos que hacer es preparar la almendra. La escaldamos un par de minutos en agua hirviendo y le quitamos la piel. A continuación las tostamos en el horno, a 150 ºC, sobre unos 20 minutos, hasta que estén doradas, dándoles la vuelta de vez en cuando y vigilando que no se quemen. Las dejamos enfriar y con un cuchillo, las astillamos.
     Ponemos las claras en la batidora de globo y las batimos un poco. Cuando estén espumosas, subimos la velocidad y vamos añadiendo el azúcar. Tenemos que montarlas a punto de nieve fuerte. Cuando estén montadas, añadimos las almendras astilladas y la ralladura de limón. Mezclamos bien con la espátula.
     Sobre la bandeja del horno ponemos una hoja de papel de hornear, y sobre ella vamos echando cucharadas de masa, y dejamos espacio entre ellas, pues en el horno suben bastante. Al dejar las cucharadas, se quedan bien firmes, con picos. Metemos la bandeja en el horno a 150ºC, durante 20-25 minutos, dependiendo del horno. Cuando los montones se despeguen bien del papel, ya están hechos. Los sacamos y los dejamos enfriar sobre una rejilla.
     Los suspiros son blancos como la nieve. Los míos han salido un poco tostados, a pesar de tener el horno bien suave y quitar el calor de arriba. Y además, me he quedado corta en el batido de las claras, pues el azúcar no se ha disuelto del todo, y además, los picos se han redondeado un poco. Para la próxima vez, lo remediaremos. Pero éste me lo voy a comer a la salud de mi madre y de mi abuela, servido sobre el plato de la vajilla de La Cartuja con el dibujo negro, que era su vajilla de los días de fiesta grande, tan grande que nunca la usaban. Buen provecho.

Ruffle milk pie

     Esta tarta me la hice para mi cumpleaños, por lo sencilla y vistosa que resulta. La verdad es que estaba muy buena. La encontré en este magnífico blog.

Ingredientes

  • 8 hojas de pasta filo
  • Mantequilla fundida
  • 300 ml de leche entera
  • 60 ml de nata líquida
  • 3 huevos
  • 100 gr de azúcar
  • 100 gr de azúcar glass
  • 1 palo de canela
  • Cáscara de 1/2 limón
  • Azúcar glass

     Precalentar el horno a 170ºC.
     Engrasar con mantequilla un molde de 20 cm cerrado, para que no se salga el relleno líquido.
     Untar ligeramente con mantequilla fundida las láminas de pasta filo, y doblarlas en zig zag, formando un acordeón. Entonces las enrollamos sobre sí mismas, formando una espiral. Las vamos colocando en el molde, en forma de círculo. Es importante tapar bien el paquete mientras trabajamos con cada hoja, pues la pasta filo se reseca con mucha facilidad. Una vez formado el círculo de rosas, metemos el molde en el horno durante 25 minutos.
     Mientras, ponemos en un cazo la leche, la nata, la canela, la corteza de limón y el azúcar normal, y llevamos al fuego hasta que rompa a hervir. Retiramos la canela y el limón y reservamos.
     En un bol echamos los huevos y el azúcar glas y mezclamos bien. Añadimos poco a poco la leche y vamos mezclando hasta obtener una masa homogénea. Es importante que la leche no esté excesivamente caliente y que se eche poco a poco, para que no se nos cuajen los huevos.
     Sacamos el molde del horno, echamos esta mezcla por encima y volvemos a meter en el horno 30 minutos más. sacamos y espolvoreamos con azúcar glas.
     Está deliciosa tibia y recién hecha, porque al día siguiente, la pasta filo está reblandecida.
     Para Rosa, intentando alegrarle un poco la vida con esta tarta de rosas. Un beso.

Asadura

     Me gustan las vísceras. A mucha gente no les gustan, pero a mí me encanta la casquería. A veces es difícil encontrarla, pero en los mercados tradicionales suele haber puestos específicos de estos productos. Yo recuerdo las noches de verano en el pueblo, donde mi madre freía una o dos asaduras de cordero para cenar. La asadura son los pulmones, el timo y el corazón del animal. A mí el corazón no me gusta, pues queda muy duro, pero el resto, me encanta. En casa no le gustan a nadie, así que,  de vez en cuando, me lo hago para mí. En esta foto también aparecen riñones e hígado.

Ingredientes
  • Asadura de cordero
  • Ajos
  • Aceite de oliva
     Trocear la asadura
     Calentar el aceite en una sartén y freír los ajos, sin que se quemen. Entonces añadir la carne y freír, pero no excesivamente, para que no quede dura. Salar y servir.

Cabezas de cordero

     Recuerdo cuando programábamos asar cabezas. a mi padre y a mi abuelo les encantaban. Y a mí. Era una fiesta montar las latas para llevar al horno con patatas peladas y troceadas por la mitad, cebolla en gajos, tomates, y encima las cabezas, y llevarlas a asar al horno de leña, donde todo sabe más rico. Y después, a disfrutar de lo que para nosotros era un banquete.

Ingredientes
  • Cabezas de cordero
  • Sal
  • Pimienta
  • Aceite de oliva
     Las cabezas, que ya se venden partidas por la mitad, hay que lavarlas muy bien bajo el chorro de agua, sin mucha presión para no arrastrar los sesos, por ejemplo, y después las dejamos en remojo en agua durante un día, cambiando ese agua con frecuencia, con el fin de que salga lo más limpia posible.
     Cuando las vayamos a cocinar, se sacan del agua, se enjuagan, se salpimentan y a la lata. Las podemos regar con un chorrito de aceite.
     Esta vez las he hecho en una fuente de barro junto con una pierna y paletilla de cordero lechal. Las he tenido en el horno a 170ºC, un par de horas, primero con la parte externa hacia arriba, y al cabo de una hora le he dado la vuelta, para que ésa parte quedase crujiente. Las he regado de vez en cuando, a la vez que la pierna y la paletilla.
     Y me he sentado a la mesa, a disfrutar de la comida, acompañada mentalmente por  mi padre y  mi abuelo.
    

Arroz con costra

     El arroz con costra es el plato típico de Elche. Parece ser que también de Orihuela y de otras poblaciones de la Vega Baja. Como en todo plato popular, me imagino que habrán muchas versiones. Yo he estado mirando en los blogs de cocina y he hecho un poco un refrito de lo que aparecía con mayor frecuencia en ellos. y aprovechando que mi hijo está estudiando en la Universidad Miguel Hernández de Elche, le he pedido que me traiga el embutido de allí. Principalmente me he inspirado en el blog Aromas ilicitanos, pero he visitado varios más. Esto es lo que ha salido de mis fogones, y nos ha gustado mucho

Ingredientes (6 personas)

  • 1 trozo de butifarrón
  • 1 blanco
  • 5 salchichas blancas
  • 2 salchichas rojas
  • 1/4 de conejo troceado
  • 1/4 de pollo campero troceado
  • 400 gr de arroz
  • 1,2 l de caldo de cocido
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Un puñado de garbanzos cocidos
  • Tomate triturado
  • 1 ajo
  • Un puñado de perejil picado
  • Azafrán
  • 13 huevos

     Lo primero que hay que hacer es encender el horno a 200ºC,, pues tiene que estar muy caliente cuando metamos el arroz.´
     Cortamos el blanco y el butifarrón en rodajas de tamaño medio. Este embutido me ha recordado bastante, aunque no es igual, al blanco y la butifarra de Elche de la Sierra, el pueblo de mis padres. Jajaja, de Elche a Elche. Las salchichas las  troceamos.
     En una sartén con un poco de aceite, freímos el embutido, no más de un minuto por cada lado. Si nos pasamos, luego aparecerán como tropezones secos en el arroz. No pondremos demasiado aceite, pues el embutido ya suelta grasa. Lo apartamos de la sartén y echamos el pollo y el conejo para dorarlos. En cuanto estén, añadimos un ajo picado y enseguida el tomate rallado y el perejil. Dejamos cocer un poco y añadimos el caldo, reservando un poco por si después nos hiciese falta. Puede hacerse también con agua. Dejamos cocer la carne por unos 20 minutos. En ese momento añadimos el azafrán y el arroz y probamos el caldo de sal, para rectificar si hiciese falta. Lo dejamos cocer unos 12-13 minutos. Yo he añadido aquí los garbanzos, pues ya los tenía cocidos, sobrantes del cocido del que he aprovechado el caldo.
     La cantidad de agua es aproximadamente 1,5 parte por parte de arroz. No necesita tanto caldo como una paella, por ejemplo, ya que se termina de hacer en el horno.
     Mientras cuece el arroz, batimos los huevos con un poco de sal. Me ha hecho gracia leer que la cantidad de huevos ha de ser impar, pero lo he hecho así porque la mayoría de blogs coincidían en este dato. Así que dos huevos por persona, más uno. También hay quien dice que pone un poco de ralladura de limón en los huevos.
     Cuando ha acabado este tiempo, yo he traspasado el arroz a una sartén alta de las que se les quita el mango y pueden ir al horno. El arroz debe estar casi seco, pero no del todo. Si lo estuviese, se le añadiría el caldo que reservamos (aproximadamente unos 50-100 ml). Pero en teoría, el arroz no se debe manipular más. Yo lo he hecho en una sartén de hierro, al fuego, que no funciona con la inducción pero que no me cabía en el horno.
     Cuando apartamos el arroz del fuego, le añadimos los embutidos que teníamos reservados, (también hay quien los pone junto al arroz, al echarlo al caldo) los repartimos bien, y echamos por encima los huevos, que han de estar bien batidos para que la costra se levante bien. Metemos la sartén en el horno, y lo dejamos hasta ver que la costra se va levantando y dorando. A mí me ha tardado unos 20 mintos, Entonces ponemos la opción de ventilador solo arriba, hasta que la costra se dore.
     Es un plato contundente, para hacerlo de vez en cuando, pero realmente, vale la pena probarlo.