Veinticinco años

     Aquel día era lunes y  llovía. Había salido de casa, en Alcoy, a buscar la parada de la contestana con tiempo, y cuando se puso a llover, no quise arriesgarme a volver a por el paraguas, perder el autobús y llegar tarde mi primer día de trabajo, lo que supuso que durante el trayecto desde donde me bajé, en la plaza donde hoy está la estatua de San Hipólito, hasta el centro de salud, me empapara.
     Habíamos dormido en nuestro piso . El jueves anterior  llegamos al mediodía a Alcoy y conseguimos trabajo y alojamiento. El viernes fuimos a Alicante a arreglar el papeleo del Colegio de Enfermería. El sábado, vinimos al piso con los bultos más pesados y voluminosos, como las mantas, y las botellas de aceite, y el azúcar, etc que nos habían preparado nuestras madres.( Curiosamente, acabo de hacer lo mismo con mis dos hijos mayores). Y el domingo, cogimos el último tren que salía de Valencia y nos dirigimos a nuestra aventura de vivir solas y empezar nuestro segundo trabajo como enfermeras. Eramos tres compañeras de carrera, a las que se tenía que unir una cuarta, que nunca lo hizo, y que posteriormente, compartimos piso con dos más.
     Llegué a mi destino y me dirigí al único mostrador que había entonces, y pregunté por la supervisora. Paco, el celador, que estaba dando números para el médico, me dijo que allí no había supervisora, sino coordinadora, y que no llegaba hasta las 9. Entonces me presenté, y muy amablemente, me dirigió hasta la sala de estar del personal, para que me secara. Allí me presentó a los compañeros que había, y entre risas, me confesó que al verme llegar chorreando,  había estado a punto de darme 20 duros para que fuese a comprarme un bocadillo. Desde ese día han pasado 25 años.
     Yo sabía que Alcoy era un sitio de Alicante donde celebraban fiestas de moros y cristianos, y poco más. Y el nombre de Cocentaina lo había escuchado en alguna ocasión vagamente....pero nos dijeron que aquí estaban buscando enfermeras, y aquí nos presentamos.
     Mi trabajo me encantó. Y el ambiente todavía más. Mis compañeros me trataron maravillosamente casi todos,  (como siempre), y me ayudaron mucho. Y a veces, había quien se dejaba caer por la tarde, aunque no estuviera de servicio, a hacer una visita. con una botella de horchata, a tomar un café...El día de año nuevo me tocaba guardia. Me vine desde Valencia, directamente de la fiesta de Nochevieja al tren, y de ahí a la guardia. Cosas que se pueden hacer con 23 años. Y la famila del médico que estaba conmigo, sustituyendo al titular de la guardia para que pudiese ir a comer con los suyos, en Alcoy, me abrió las puertas de su casa para que no estuviese sola. Eso nunca lo olvidaré. Bueno, si el Alzheimer me deja, claro.
     Me encontré con una gente amable, extremadamente educada, que cuando me oían hablar en castellano siempre me preguntaban "Enten vosté el valencià?". Cuando entendí que que te preguntasen si algo "el donava pena" quería decir que si te molestaba, y que lo de llamarte  "choto"  era un apelativo cariñoso,  todo fue mucho mejor.
    Cuando me casé, también en octubre del año siguiente, alquilamos un piso aquí y me vine de Alcoy. Al principio, se me caían las montañas encima. Todavía recuerdo el tórrido verano de 1994, con una niña de pocas semanas que sólo quería pasear mi anemia por el fantasmal Passeig del Comtat de después de las fiestas, y con mi marido haciendo guardias, pues los meses de verano eran los únicos en que tenía trabajo. Un vecino vino a mi casa a ofrecerme si quería que viniese su mujer a ver qué le pasaba a la niña, pues la oían llorar, y como sabían que yo era joven y que no tenía familia en el pueblo, a lo mejor necesitaba ayuda....todo ésto dicho con tacto infinito, pues el señor no quería que me sintiese ofendida. Cuántas veces he recordado aquella escena y a aquellos buenos vecinos.
     Tengo tres hijos. Sólo uno es contestano, pero los tres han dado aquí sus primeros pasos, y han crecido viviendo la Feria, la fiesta de los nanos (durante 5 años viví en la calle Santísima Trinidad, o el carrer gitanos, como se la conoce también), los Reyes Magos, que dejan los juguetes el día 5 tras la cabalgata, en lugar de dejarlos en el balcón, junto a los zapatos la mañana del día 6, la corriola en la ermita de Santa Bárbara, las fiestas de moros y cristianos, donde se toca una música que es gloria, el domingo de ramos, con la palma adornada con lazos y caramelos, la Semana Santa, con el coro de su colegio, las cenas en el paraje de San Cristóbal....Por supuesto, también vamos a las fallas, que eso no nos lo quita nadie, peo sumamos cosas, lo que es estupendo. Y además de vestirnos de falleros, nos hemos vestido de contestanas y maseros para llevarle flores a la Mareta. Este año, hemos participado en el boato de la filà de nuestros amigos, donde he disfrutado las fiestas desde dentro, y donde me lo he pasado en grande. Ya saben que cuentan conmigo para cuando les toque fer El Capitá.
   He tenido mucha suerte con quien se ha cruzado en mi camino. Para irnos a trabajar, hemos tenido que dejar a mis hijos con extraños, y esos extraños  han acabado siendo  parte de mí. En la comunión de mi hijo pequeño, había casi tantos canguros y familiares de éstos, como familiares de sangre del niño. De Andalucía, de Albacete, de Cocentaina, de Alcoy, de Muro, de Ecuador, de Navarra, de Murcia, de Mallorca...porque hay contestanos de muchos lugares. Y a ellos también quiero darles las gracias por cuanto han hecho por mí. Porque hay cosas que no se pagan con dinero.
     Me he encontrado gente que me ha hecho sentir como en mi casa. Personas grandes, muy grandes, sin las que no me imagino muchas cosas de mi vida. A las que no ha hecho falta mas que abrir la boca para echarme una mano, sin terminar la frase. Con las que sé que puedo contar incondicionalmente.Y hoy, que se cumplen 25 años de mi llegada al pueblo, no quiero dejar de darles las gracias con éstas palabras. Al fin y al cabo, tengo 48 años, así que se pueden echar cuentas....
     Y así, día a día, ha ido creciendo mi familia. Y sigo dando gracias todos los días. No hay nombres, porque seguro que me dejaría alguno y no quiero ser injusta. Pero todos saben quienes son.
     Para esta entrada quería hacer una receta típica de Cocentaina, pero como la mayoría ya las tengo publicadas, y  hace frío para el agualimón negro, he decidido poner sólo una foto. Se trata de un jenaro, un pastel que sólo se conoce aquí, y que sólo se hace en la pastelería Agulló, la única que queda abierta de las que ya habían cuando yo vine. No conozco la receta, es una invención del dueño de la pastelería, y es desconocida en los pueblos de al lado. Se trata de una especie de barquita de hojaldre, rellena de una especie de bizcocho oscuro, que me sabe a especias, pero que no sé identificar. Y léase todo como "una especie de ",  pues ya he dicho que no se conoce la receta.


     Así que, si quereis comer un jenaro, o escuchar música de fiestas tomando un agualimón negro, o una mentira sentados en el paseo, tendreis que venir a Cocentaina.
   

2 comentarios:

  1. Tanto que dicen del Jenaro, para mi es dulce muy asqueroso. Hay dulces mejores que eso

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  2. Bueno, para todo hay opiniones. Pero el Jenaro, solo se encuentra aquí.

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