Hojuelas

     Contaba mi padre que fue al pueblo de visita una mujer, a casa de una amiga. En el transcurso de la visita probó las hojuelas, y le gustaron mucho, de modo que pidió a su amiga que le consiguiera los moldes para hacerla, cosa que el señor hizo, y con mimo se los envió. La señora se ofendió de tal manera al ver los moldes, que les retiró la palabra.

     Siempre me ha gustado esta anécdota. Yo tengo los "moldes" desde que me casé hace más de 20 años. Me los consiguió mi padre, una de las veces que fue a su pueblo. Cuando era el tiempo de cortar las cañas (que yo no sé cuando es), fue al arroyo de su pueblo, que va a parar al río Segura, y me cortó las cañas, llamadas canutos para tal menester. Unas han de ser gruesas y cortas, para extender la masa. Las otras, largas y estrechas, para enroscarlas sin peligro de quemarnos. Las guardo como oro en paño.
     Este siempre ha sido un dulce festivo. No podía faltar en ninguna celebración importante, como las bodas, donde además de para los invitados, se repartía entre las amistades, los vecino, etc. Recuerdo con cariño la fiesta que se montó en casa de mi madre haciendo hojuelas para mi boda. Porque además es un dulce social. Se requieren varias personas para poder hacerlo, ya que el proceso de enroscado ha de ser muy rápido, y una sola persona no puede hacerlas.

Ingredientes
  • 3 huevos grandes
  • 1 cascarón de anís dulce
  • 1 cascarón de aceite de oliva virgen extra
  • La harina que admita (400 g)
  • Aceite de oliva para freír
  • Miel para rociar
  • 1 manojo de esparto verde o un tallo de romero
     En un bol se echan los huevos, el anís y el aceite., pellizcando las yemas y rompiéndolas de una en una. Después se va añadiendo la harina que admita, trabajándola bien, hasta que se forme una bola que no se pegue a las manos. Esta masa se deja reposar al menos 1 hora.
     Pasado este tiempo, se enharina bien la superficie de trabajo, y se van cogiendo porciones de masa de aproximadamente 10 gr. Con la ayuda de las cañas gruesas, se extienden en forma de círculo, dejándolas lo más finas posibles. La exquisitez de este bocado reside en la finura en que se extienda la masa. Y la presencia, de lo rápidamente en que se enrosquen, de forma que quede una pieza pequeña, redondita, y con el hueco bien relleno de miel.
     Aparte, en una sartén un poco honda, se calienta aceite de oliva. Cuando el aceite está caliente, pero no demasiado, para no quemarlas, y tenemos unas cuantas bolitas extendidas, se procede a freírlas. Una persona coge una torta extendida y con cuidado la deja sobre la superficie del aceite, dejándola horizontal. Otra persona, provista de un canuto largo y fino en una mano, y una espumadera en la otra, apoya el canuto sobre el centro de la torta, hundiéndolo un poco, mientras hace un giro, enroscando la masa, ayudándose con la espumadera para atraer la masa hacia la pared de la sartén. Así se consigue la forma redondeada. entonces, con la espumadera, se saca de la sartén y se deposita sobre una fuente, con el hueco que se ha formado en el centro hacia abajo, para escurrir el aceite. Y a por la siguiente.
     Este proceso ha de ser muy rápido. Si la masa es demasiado gruesa, se hundirá y no se podrá enroscar bien. Y como ha de ser muy fina, se ha de trabajar con rapidez, para darle forma antes de que se cuaje en el aceite caliente. Por eso se necesita un mínimo de 2 personas. Parece más difícil de lo que es en realidad. Es mucho más sencillo viéndolo.
     Si se desea hacer mucha cantidad, se prepara una caja de cartón, se forra con papel de seda, o bien una olla de esas grandes, y se guardan sin tapar. Se conservan al menos durante un mes.
     Pero lo que es ya una orgía, y de donde proviene el refrán "miel sobre hojuelas", que viene a ser la exquisitez, es cuando las enmelamos.
     En una fuente amplia, se ponen las hojuelas, esta vez con el hueco que se formó en el centro hacia abajo (para que se deposite ahí la miel)
     En un cazo se pone miel a fuego lento y sin parar de remover hasta que hierva; las retiramos del fuego. Volvemos al fuego y volvemos a cortar el hervor. Esto hay que hacerlo 3 veces, dice mi madre, para que luego no se caigan de donde las echemos (hojuelas, buñuelos, etc). En la miel así derretida y caliente, se mete el esparto o romero, y se reparte sobre las hojuelas. Con la miel puesta dice mi madre que aguantan en buen estado 8 ó 10 días, pero yo dudo que nadie haya podido comprobarlo, dejando esta delicia 8 días en la fuente.
     Mi madre, mi abuela Pilar, mi tía abuela Lola, yo, una tarde dedicadas a hacer hojuelas, las manos limpias, los delantales blancos, el ruido de los canutos sobre el granito, "`Ésta me la como que se ha roto", "Nena, trae otro canasto para ponerlas".....
     Para la masa, he cortado la parte superior del huevo y he tomado ahí la medida. Son 50 ml de aceite, 50 ml de anís y la harina ha resultado ser 400 gr.



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